Pega un texto de IA sin tocarlo y lo hueles enseguida. No es magia: son cuatro tics que se repiten siempre.
El primero, frases hinchadas: dice en veinte palabras lo que cabía en ocho. El segundo, cierres de relleno: «en resumen», «en definitiva», «cabe destacar» abriendo párrafos que no concluyen nada. El tercero, simetría rara: siempre tres ejemplos, listas que van de tres en tres, cada idea con su contraidea perfecta. El cuarto, cero riesgo: ni una opinión, ni una frase corta y seca, ni un giro que no esperabas. Todo suave, todo correcto, todo olvidable.
Máquina
«Es importante destacar que la planificación resulta fundamental para optimizar los resultados.»
Tú
«Planifica. Sin plan, improvisas, y improvisar cansa.»
La culpa no es de la herramienta. Es de cómo se le pide y de que no la editas. Le sueltas «escríbeme algo sobre X», te devuelve la media de internet y lo publicas tal cual. Media más media, sale genérico.
Se arregla con tres gestos: darle tu voz, pedirle un borrador y no el texto final, y editar lo que escupe. Eso es este curso. Empezamos por enseñarle a escribir como escribes tú.