Abre una hoja con dos mil filas desordenadas y ahí la IA te ahorra la tarde. Pero cuidado con lo que le pides: no todo lo hace igual de bien.
Una IA de lenguaje hace una cosa: predice texto. Transforma lo que le das. Le pasas una columna de nombres a medio escribir y te la devuelve ordenada. Le pasas un correo largo y te saca los datos en una tabla. Eso lo borda.
Lo que no hace es calcular. Si le pides «súmame esta columna» y te suelta un número, ese número se lo ha inventado con la misma seguridad con la que acierta lo demás. No ha sumado: ha predicho qué cifra «pega» ahí. A veces cuela, a veces está mal por miles, y no avisa.
Un modelo de lenguaje predice texto, no calcula. Las cuentas las hace la hoja. Todo número que no le dieras tú, se comprueba.
Un caso de lo que sí gana. Le pegas dos mil filas de nombres a medio escribir y en un minuto te los devuelve ordenados y con las mayúsculas puestas; a mano es la tarde entera. Ahí no hay número que inventar: solo texto que ordenar, y eso lo borda.
Y uno de lo que falla. Le pides «súmame la columna de importes» y te suelta 48.250 €. Suena redondo y convincente. Pero el total real de la hoja era 51.900: se ha inventado una cifra que «pegaba». No sumó, predijo. Y no avisa de que lo ha hecho.
Se lo puedes fiar
Ordenar, limpiar, clasificar, sacar datos de un texto y redactar la fórmula que luego pega la hoja.
Lo compruebas siempre
Cualquier total, media o cuenta. Si el número no sale de una fórmula de tu hoja, es una predicción.
La regla de todo el curso: la IA ordena, limpia, clasifica y redacta la fórmula; el cálculo lo hace siempre la hoja. En la próxima lección, lo primero de verdad: dejar los datos limpios sin escribir una sola fórmula.
Para hoy: abre una hoja tuya y pídele una sola cosa —ordenar una columna o poner bien las mayúsculas—. No le pidas todavía ningún número. Comprueba el resultado y verás dónde te ahorra tiempo de verdad.